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Políticamente Incorrecto 
Beatriz Mojica: pensamiento político e identidad
Roberto Camps
En política suele pensarse que las trayectorias se explican por alianzas, coyunturas o cálculos electorales. Pero hay casos en los que el pensamiento político tiene raíces más profundas: nace de la experiencia social, de la historia personal y del territorio. El caso de la senadora Beatriz Mojica Morga pertenece a esa categoría. Su discurso político no se limita a la retórica partidista; está atravesado por una narrativa de lucha social, identidad territorial y reivindicación histórica de las mujeres.
Mojica representa una corriente política que combina tres tradiciones que han marcado la historia de la izquierda mexicana: el comunitarismo de los movimientos sociales, en especial el movimiento afro que representa, el feminismo político contemporáneo y una visión regional del poder. Esa mezcla explica buena parte de su discurso y de sus prioridades legislativas.
En sus intervenciones aparece de manera constante la idea de que la desigualdad no es sólo una estadística, sino una experiencia concreta. Cuando habla de educación, de servicios públicos o de participación política de las mujeres, lo hace desde una perspectiva que reconoce los rezagos estructurales de regiones como Guerrero. Su narrativa insiste en que la política pública debe partir del territorio y de las historias de vida de quienes han sido históricamente excluidos.
Hay en su discurso un elemento recurrente: la memoria. Mojica suele recordar que muchas mujeres mexicanas no pudieron votar, estudiar o decidir sobre su vida hace apenas unas décadas.
Esta apelación a la memoria no es un recurso retórico menor; es una manera de explicar que los derechos conquistados no son naturales ni permanentes, sino el resultado de luchas colectivas. Bajo esa lógica, el feminismo que reivindica no es sólo una agenda de representación política, sino un proyecto de transformación social.
Ese enfoque se conecta con otra idea central en su pensamiento: la política como herramienta de reparación histórica. Mojica ha insistido en que los avances legales deben traducirse en políticas concretas que modifiquen la vida cotidiana de las mujeres.
De ahí su énfasis en temas como el sistema nacional de cuidados, la igualdad salarial o las pensiones para mujeres mayores. En su visión, la justicia social no se mide únicamente en el discurso, sino en la capacidad del Estado para reducir las desigualdades que han marcado la vida de millones de mexicanas.
Mojica suele reivindicar la identidad afromexicana y la diversidad regional del país, recordando que la política nacional muchas veces ha ignorado las realidades del sur. En esa narrativa aparece Guerrero como una tierra de resistencias, de mujeres trabajadoras y de comunidades que han sostenido al país desde los márgenes. Esta perspectiva regional no es un gesto identitario aislado, sino una crítica implícita al centralismo político que ha marcado la historia de México.
Otro rasgo distintivo de su discurso es la defensa de estilos de liderazgo diferentes a los tradicionales. Mojica ha señalado que las mujeres ejercen el poder de una manera distinta, menos ligada a la confrontación y más vinculada al diálogo y la construcción colectiva. No se trata de una visión esencialista del liderazgo femenino, sino de una crítica a las prácticas políticas que durante décadas se asociaron con el poder masculino.
En el plano nacional, su pensamiento se alinea con el momento político que vive el país bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Mojica interpreta la llegada de una mujer a la Presidencia como una oportunidad histórica para profundizar la agenda de igualdad sustantiva. En ese sentido, su discurso no sólo acompaña políticamente al proyecto de gobierno, sino que busca darle un contenido social más amplio.
Sin embargo, el rasgo más interesante del pensamiento político de Mojica es su insistencia en la solidaridad femenina como fuerza transformadora. Frente a la vieja frase que afirma que “las mujeres son las peores enemigas de las mujeres”, la senadora plantea lo contrario: que la historia política reciente demuestra que las redes de apoyo entre mujeres han sido fundamentales para abrir espacios en la vida pública.
Esa idea conecta con una convicción que atraviesa todo su discurso: las transformaciones políticas profundas no se producen únicamente en los congresos o en los gobiernos, sino en la organización social de las comunidades.
En tiempos en los que la política suele reducirse a encuestas, estrategias electorales o disputas mediáticas, el pensamiento político de Beatriz Mojica recuerda algo elemental: que la política también puede ser una narrativa de memoria, dignidad y justicia. Una narrativa que intenta conectar la historia de las mujeres de Guerrero con el futuro de México.