El Príncipe. Por Efraín Flores Maldonado

EL PRINCIPE

Por Efraín Flores Maldonado*
Nicolás Maquiavelo nace en Florencia, Italia, el tres de mayo de 1469 y muere el 21 de junio de 1527. Por su obra “El Príncipe” publicada en 1513, se le reconoce como fundador de la ciencia política; el texto es dedicado al Magnífico Lorenzo de Médici, a quien le expresa que no le era “posible haceros un presente más precioso que el de un libro, con el que podréis comprender en pocas horas lo que yo he comprendido en muchos años de suma fatiga”.
Maquiavelo aboga por incidir con su obsequio, en una conciencia política fuerte que logre la unidad de Florencia para enfrentar los peligros exteriores que la estaban destruyendo. El texto consta de 26 capítulos breves y temáticamente focalizados, con sintéticas afirmaciones, negaciones, justificaciones y recomendaciones para alcanzar el poder, ejercerlo… y conservarlo.
En sus páginas, el florentino destila una sintética radiografía histórica de la conducta de los hombres, pretendiendo, ejerciendo o dependiendo del poder y asegura que “los hombres que mudan gustosos de señor, con la esperanza de mejorar su suerte y se arman contra el que los gobernaba, no tardan en convencerse con la experiencia, de que su condición se ha empeorado”.
Hace un repaso de los principados que se heredan y los que se adquieren por la fuerza, advirtiendo que, cuando el señor adquiere nuevos territorios “debe establecer allí su residencia”, para conocer de primera mano cualquier intento de rebelión y poder reprimirla prontamente, porque de encontrase lejos, si “los desórdenes son de gravedad, no hay remedio ya”.
Para Maquiavelo la violencia del príncipe debe ser escasa, selectiva y efectiva, toda vez que en general “los hombres quieren ser acariciados… y no reprimidos”.
De esa manera, el príncipe no solo se muestra justo, sino también estratégico. Maquiavelo asegura que el gobernante debe ser además “habilidoso… pues sin esta cualidad perderá bien pronto lo que adquirió”. De manera especial, Maquiavelo asegura que el príncipe no debe perder la oportunidad de ser amado por su pueblo y que, en ocasiones, puede “dejar nacer un desorden… para evitar la guerra”.
Dedica especial interés a la posibilidad de que el príncipe sea alabado y amado “haciendo profesión de ser bueno, procurando no estar rodeado de gentes que no lo son, pues entonces, ira caminando hacia su ruina”. Un motivo más para ser amado es que exhiba prendas que lo presenten “por clemente y no por cruel” y que “si no se hace amar, al menos… evite ser aborrecido”, advirtiendo que, el príncipe amplia su legitimidad y reputación “cuando acude en auxilio de su pueblo en momentos de calamidades y desgracias”.
Eso y más dice Maquiavelo en El Príncipe.
*Doctor en Ciencia Política